Por qué y para qué una Red Académica contra el cambio climático

Aunque un poco tarde pero no del todo, crece en el mundo la conciencia sobre la gravedad del cambio climático y sus consecuencias.  Más de 11.000 científicos de 153 países en una carta publicada en noviembre de 2019 advirtieron que la crisis climática se está acelerando más rápido que lo que se preveía y que deben introducirse cambios dramáticos en la sociedad para evitar sufrimientos incalculables (IPCC 2018).

 

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático afirma que se podría emitir hasta un máximo de 330 mil millones de toneladas de CO2 a la atmósfera para que la temperatura no aumente de 1,5 °C y con ello evitar calamidades inimaginables. Esto significa que al ritmo actual de emisiones, estimadas en 42 mil millones de toneladas anuales, ese límite se alcanzará en unos 8 años, es decir, en 2028.

 

La alta comisionada para los derechos humanos, Michelle Bachelet, ha reconocido que la emergencia climática representa la mayor amenaza mundial a los derechos humanos desde la Segunda Guerra Mundial.

 

La Organización de la Naciones Unidas ha afirmado que el cambio climático es más mortal que el coronavirus y su Secretario General Antonio Guterres ha solicitado a todas las naciones del mundo declaren el Estado de Emergencia Climática.

 

En otras palabras, enfrentamos como civilización un momento crucial y decisivo para la propia sobrevivencia. No será demasiado tarde, si y solo si como sociedad nos comprometemos a trabajar para lograr los cambios que la ciencia nos está exigiendo.   

En ese marco, quienes nos hemos sumado a la RICEDH coincidimos en la necesidad de aunar esfuerzos para salvar nuestro único hábitat. Entendemos la necesidad de construir soluciones comunes para un problema común. Que el llamado urgente no es abstracto, sino concreto a cada uno de nosotros. Que no es tiempo de ser indiferentes ni mirar en otra dirección. Que como Red organizada tendremos el potencial de movilizar información, acelerar respuestas y sumar voluntades. Que el compromiso con las generaciones futuras no es ni puede ser retórico, sino que implica adoptar medidas, implementar acciones, y reinventarnos. Por eso y para eso decidimos existir.